“Estaba sentada en el banco, haciendo un repaso de lo que había cambiado mi vida en los últimos meses, cuando alguien se sentó a mi lado.
-¿Qué hace una chica tan guapa como tu sentada aquí sola?
-Esperar al idiota de mi novio.
-¿Y qué ha hecho para que lo llames idiota?
-Ser rubio -contesté mirándole divertida, me encantaba picarle.
-¡Oye! que eso no es mi culpa.
-Pero llegar siempre tarde si -dije riéndome.
-Bueno vale, eso sí es mi culpa. ¿En qué pensabas antes de que llegara?
-En nada, déjalo ¿Damos una vuelta?
-Claro, pero antes...-Y me besó, pasé mis manos por su cuello y comencé a tocarle el pelo. Era un beso lento, donde nos demostrábamos lo mucho que nos queríamos.
Nos separamos por falta de aire y le miré a los ojos, unos preciosos ojos azules que me encantaban, si pudiera no dejaría de mirarlos nunca.
ÉL se rió. Yo fruncí el ceño
-¿Por qué te ríes?
-Siempre te sonrojas - me puse más roja todavía. Él se acercó a mi oído y me susurro- Me encantas... -Y cuando creía que no me podía sonrojar más él me tenía que decir algo que demostrara lo contrario.
Se levantó del banco y tiro de mí para que me levantase.
-Vamos, he encontrado un sitio que te gustará. -Entrelazó su mano con la mía y comenzamos a andar.
Luego de un rato caminar llegamos a un pequeño parque con una enorme fuente en el medio y algunos columpios.
-Ven -Dijo guiándome hacia la fuente -Pide un deseo.
-Mmm ¿Y qué puedo pedir?
-Lo que quieras, lo que necesites...
-Todo lo que quiero y necesito lo tengo aquí - Dije poniéndome en frente suya y entrelazando mis manos en su cuello.
-¿Ah sí? -Dijo cogiéndome de la cintura y acercándome más a él. Tenía una sonrisa traviesa que no traería nada bueno, lo presentía. Y como no, me cogió como una princesa -Todo lo que quieres esta aquí, pero aquí dentro -dijo tirándome a la fuente.”
Y pensar que esa fue la última vez que le vi, cuando me dijo su último “Te quiero”. Todavía me acuerdo de la llamada que recibí ese mismo día, las personas tendemos a pensar que las desgracias como los accidentes o algunas enfermedades no nos pasaran nunca, pero no es verdad, todo puede pasar. Puedes perder a la persona que más quieres en este mundo en cuestión de segundos, destrozándote todos los planes que tenías, primero sientes como si todo tu cuerpo se tensase, como si recibieses un puñetazo directo al estómago y luego las lagrimas caen de tu rostro sin poder evitarlo porque sientes que ya no está, te acuerdas de cada uno de los momentos que has vivido con esa persona y te derrumbas. Y es en ese momento cuando te das cuenta de que todo ha terminado. Todo ha cambiado y a partir de ahí nada volverá a ser lo mismo... nunca. Te das cuenta de que los momentos hay que aprovecharlos, porque esa puede ser la última vez que puedas ver a esas personas. Vive cada minuto como si fuese el último. No sabes lo que te va a deparar el futuro, cuando va a terminar todo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario